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viernes, 6 de noviembre de 2009

El Gran Kike

Mi hijo tenía un ratoncillo que respondía al nombre de Kike, por Enrique Blunbury.
Como Platero, era suave,peludo y tenía los ojos de azabache. Pero a diferencia del burrito de Juan Ramón Jiménez, que era dulce y cándido como una doncella, el ratoncito de mi hijo era un gamberro, al estilo de su dueño y del que tomaron su nombre. También era un payaso. No se le ocurría nada bueno y te hartabas de reir con él. Cuándo lo observabas, nunca veías el momento de apartar la vista; cuándo lo tocabas, si no fuera porque él se impacientaba, tú nunca deseabas soltarlo. Así era de simpático, así era de gustoso.
Tras tratar a Kike, puedo entender que usen a los de su especie para estudiarlos en los laboratorios. Me explico. Nunca imaginé que, realmente, tál y cómo había oído decir, un bichito tan menudo pudiera ser tan inteligente. Y es que tenía reacciones humanas: Se enfadaba cuándo, estando dormido, lo incordiabas; cómo yo. Cómo yo, era sensible al tacto, al cariño y si oía la voz de mi hijo, salía rápido a verlo y saludarlo, al iguál que yo. También cómo yo,si estando sólo en la habitación sentía tu llegada, en menos de un minuto lo tenías a tus pies, erguido y moviéndote sus manitas para llamarte la atención. Y no digamos las fiestas que hacía cuándo le dabas un trozo de melocotón, de pepino, de salchicha... Era un glotón. Tánto que esta noche he soñado que lo amortajábamos envuelto en una loncha de jamón york.
Sí... Amortajábamos... Porque el Gran Kike ayer tarde murió.
No pensaba que el adiós de ese gran animalito menudo te generara tál desolación.
No lo imaginaba. Tú támpoco ¿verdad hijo?...
Adios Kike!,ojalá hubiera un espacio para seres como tú allá entre las estrellas!
Tu Gran Amigo te echará de menos. Yo, humildemente, también.
Adios.