Mi peluquero es gay... y los musculitos de mi gimnasio... y diego,paquito,ignacio,patricio,antonio, manolo,pepe... Mi mejor amigo también lo es. Eso al día de hoy.
Pero igualmente, cuándo estuve en la Facultad e incluso cuándo hice BUP (allá en el 100 a.c.) mis compañeros inseparables eran afeminados (las definiciones de homosexual o gay fueron posteriores a aquellos tiempos) Y es que, sin premeditarlo, sin preveerlo, siempre me he rodeado de ellos.
Mi "media naranja",mi "number one", conocedor de mi simpatía y afinidad por el mundo homosexual, a veces me pregunta: "¿Y yo qué hago en tu vida?" Y yo le respondo: "¿Tú?... compensar" Podría darle mil explicaciones más, pero como es muy inteligente, con ésa se ríe.
El caso es que con el universo gay me siento cómoda, segura, más incluso que con el universo propiamente femenino. Y no es que quiera magnificar a todo un colectivo. No existen las generalizaciones. Los hay (estoy segura de ello) retorcidos, mordaces, envidiosos, exhibicionistas, manipuladores, liantes... pero de todo ésto también hay en el Vaticano.
Pero hay algo que los dignifica en cierta medida, y es su condición de luchadores, de supervivientes.
A menudo han sido despreciados por sus familias, vejados en el colegio, insultados por los vecinos. Han tenido que huir de sus pueblos y , desarraigados, instalarse en el anonimato de las ciudades. Han amado en silencio, frustrando emociones prohibidas, sentimientos. En definitiva... han tenido que estrellarse mil veces contra un muro hasta poder romperlo.
Hay quiénes, despreciándolos, dicen que poseen los peores instintos de la mujer y que, en su resentimiento por lo sufrido, son seres totalmente dañinos y retorcidos, de los que no te puedes fiar. Pero no es eso lo que yo he conocido. Comen, beben, duermen y respiran como cualquiera pero, además, son especialmente sensibles a la aceptación. También al cariño, a la comprensión, a la ternura.
Tengo buen feeling con ellos. Y cuándo los veo por la calle cogidos de la mano, me alegro. Han tenido que pelear mucho para conseguir algo tan nimio como eso, para hacerse valer, para tener sus derechos. Me encanta.
Vá por ellos!
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jueves, 5 de noviembre de 2009
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Cuando no tienes salida,surge la brutalidad
Ayer leí en el periódico esta noticia: "Condenado un anciano por pegarle una macetazo a su mujer".
Sí, han leído bien: un "macetazo", no un "machetazo".
Y cuidado, que no estoy de guasa, ni tratando el tema con frivolidad.
Lo de la violencia de género es algo que me escandaliza, no como mujer, sino como ser humano.
Pero, ¿un macetazo? ¿Qué es lo que lleva a un hombre de 88 años a estamparle en la cabeza a la parienta un tiesto de geranios? ¿Qué desesperación, qué locura transitoria lo lleva a coger lo primero que pilla para hacerla callar?
En una ocasión, le preguntaron a Almodovar, que de dónde sacaba los guiones y contestó que "de la vida misma". Que si mirábamos a nuestro alrededor podíamos toparnos mil veces, con situaciones más disparatadas que las que él plasmaba en sus películas.
Aunque incuestionablemente (que quede claro) empatizo con la mujer agredida, con la mujer maltratada, con la mujer asesinada... siempre intento, por un mínimo instante, ponerme en el pellejo del agresor y preguntarme: ¿qué situación de celos, de amor, de odio, de intolerancia éndemica, de machismo educacional, de desgarro interior lleva a un ser humano a matar a otro y luego a pegarse un tiro, o a entregarse a la policía o a huir lo más lejos posible del disparate cometido?
Y cuidado, que no me refiero en ningún momento al maltratador psicológico y físico; al frío, al metódico, al calculador y sádico, al que se tira años vejando, aterrorizando y anulando a su mujer. A ese nunca! Sin piedad a por él!
Me refiero a aquél, que sin poder más, enloquecido, en un momento de enajenación, coge una maceta y lesiona a su mujer.
En éste caso, afortunadamente, ella vivió para contarlo. Pero no sé por qué, ese anciano no me cae del todo antipático.
No sé si me entienden de lo que hablo.
Sí, han leído bien: un "macetazo", no un "machetazo".
Y cuidado, que no estoy de guasa, ni tratando el tema con frivolidad.
Lo de la violencia de género es algo que me escandaliza, no como mujer, sino como ser humano.
Pero, ¿un macetazo? ¿Qué es lo que lleva a un hombre de 88 años a estamparle en la cabeza a la parienta un tiesto de geranios? ¿Qué desesperación, qué locura transitoria lo lleva a coger lo primero que pilla para hacerla callar?
En una ocasión, le preguntaron a Almodovar, que de dónde sacaba los guiones y contestó que "de la vida misma". Que si mirábamos a nuestro alrededor podíamos toparnos mil veces, con situaciones más disparatadas que las que él plasmaba en sus películas.
Aunque incuestionablemente (que quede claro) empatizo con la mujer agredida, con la mujer maltratada, con la mujer asesinada... siempre intento, por un mínimo instante, ponerme en el pellejo del agresor y preguntarme: ¿qué situación de celos, de amor, de odio, de intolerancia éndemica, de machismo educacional, de desgarro interior lleva a un ser humano a matar a otro y luego a pegarse un tiro, o a entregarse a la policía o a huir lo más lejos posible del disparate cometido?
Y cuidado, que no me refiero en ningún momento al maltratador psicológico y físico; al frío, al metódico, al calculador y sádico, al que se tira años vejando, aterrorizando y anulando a su mujer. A ese nunca! Sin piedad a por él!
Me refiero a aquél, que sin poder más, enloquecido, en un momento de enajenación, coge una maceta y lesiona a su mujer.
En éste caso, afortunadamente, ella vivió para contarlo. Pero no sé por qué, ese anciano no me cae del todo antipático.
No sé si me entienden de lo que hablo.
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