martes, 12 de enero de 2010

Justificable Rencor

El postigo de mi casa daba a un callejón en el que vivía una niña. Era pálida, ojos claros, gordita. Todas las tardes, cuando reunía a sus amigas, armaban tal algarabía que yo salía y me acercaba cuál si fuera la llamada del Flautista de Hamelín. Pero todas enmudecían cuando yo llegaba, callaban hasta que me iba. Y no lo entendía.
Ha pasado mucho tiempo pero ahora me viene a la memoria la cara de aquella vecinilla del callejón que, según supe más tarde, no me miraba a los ojos porque los trajes que estrenaba eran los que desechaba yo. Ella lo sabía. Yo no. Núnca me lo perdonó.
Doloroso e inocente rencor el de aquella niña que, con 9 años, se iniciaba en el mundo de la humillación.
Cuándo, con el tiempo, me enteré ya no se oían sus risas. Supongo que emigraría con su familia. Pero me hubiera gustado pedirle perdón. No por mi fallida generosidad de entonces, sino por mi incorrupta inocencia e ingenuidad. Por seguir, a tan temprana edad, inmune a la vida y ella, por mi culpa, no.

domingo, 10 de enero de 2010

Las dos Princesas del Pueblo

¿En que sociedad vivímos que escoge como Mujer del Año a Letizia Ortiz seguida, sólo por un punto de diferencia, de Belen Esteban?. ¿Qué mantecado mental lleva a esos votantes a valorar a esas dos mujeres por igual?. Me pregunto cuál ha sido el baremo que han seguido para ésta desconcertante, aberrante evaluación.
Definitivamente, me repito como los abuelitos, estamos en una época confusa en la que se le dá similar valoración  a la figura de una periodista princesa pulcra y comedida, que a la de una advenediza periodistilla soez y desvergonzada. No lo entiendo.
Eso sí, la inteligencia se le reconoce, sobradamente, a ambas. Ya se podrían echar un pulso. Reventarían audiencias.

sábado, 9 de enero de 2010

El Asedio

Este año lo he iniciado con un troyano en mi casa. Pero no crean que se trata de un hermoso griego, al estilo del valeroso Hector o del enamoradizo Paris. No piensen que los Reyes Magos me han echado un atractivo guerrero heleno, ellos saben que en mi carta les pedí un bolso y unos zapatos y que con "mi media naranja" tengo cubierto ese campo. Este invasor se ha instalado sin permiso, sin previo aviso, al estilo del temible Aquiles, arrasando. Y llevamos ya siete días batallando. Sin quererlo ni beberlo, estando tan tranquila, me viene ésto y ahora me tiene, con su despiadado asedio, sin escribiros ni leeros. No hay derecho, mi pobre VAIO está maltrecho.
El caso es que yo era reacia a todo esto de la tecnología, pero en esta casa, con el retoño y el marido que tengo, no pude resistirme mucho tiempo. Pero yo era una de esas románticas que disfrutaba del acto de escribir cartas. A la antigua usanza. Y no es que escribiera muchas, pero me gustaba el hecho de coger el papel y, de puño y letra, escribir en él y posteriormente introducir la carta en el sobre, ir al estanco, pegarle el sello y echar mis palabras al buzón. Sentía que, con todo ese esfuerzo, transmitía deferencia y cariño hacia la receptora o receptor. Me daba satisfacción. Además, ¿hace cuánto tiempo que no encontrais una carta de un ser querido en vuestro buzón?, ¿a que os haría ilusión?
Pero todo esto se perdió, ya no se encuentran ni sellos. Y pienso que, al igual que los fareros, en un futuro también desaparecerá la figura del cartero. Son los tiempos. Ahora, a base de ver a diario tan inhóspito y despersonalizado a mi triste buzón, me he habituado a mirar mi VAIO, el cuál, dándole a un pulsor, me muestra otro mundo de ilusión, solo que en vez de llamarse carta, sobre o buzón, tienen otros nombres como Avant Browser, Explorer, Google o Outlook Express.
Ahora estoy desolada porque este terrible troyano me ha roto la posibilidad de cualquier comunicación y porque, por mucho que luchamos y lo herimos, siempre salen más de la panza de ese terrible caballo. Y me desconcierto, y me hago preguntas como: ¿quién se beneficia de todo ésto?
En fin... son nuevos tiempos, con nuevos códigos de comportamiento que, a menudo, yo no entiendo.
Resistiré como pueda al ataque, al asedio, aunque ya no sabemos como hacerlo.

viernes, 8 de enero de 2010

Bendita rutina

Se acabó el frenesí, se terminó la locura. Los niños han vuelto al colegio, los bebés a las guarderías, las madres a sus trajines habituales... Ha vuelto la rutina.
Ahora viene la segunda parte. Siempre quedan secuelas en todas las enfermedades: quitar decoraciones excesivas, ordenar desbarajustes múltiples, recuperar bolsillos, perder kilos... Llega la cuesta de enero, vienen las rebajas y aparecen los lamentos: "¡Ay,que no puedo!", "Ay, lo que peso!"
Hay quien opina que todo tiempo pasado fué mejor, que antaño había más felicidad y que se vivía con más calidad. No lo creo, en mi infancia aún se veían niños descalzos en mi pueblo. Y no ha pasado tanto tiempo. Hoy hay ropa, zapatos, comida, juguetes y escolarización para todos ellos. En eso hemos mejorado sobradamente. Pero, volviendo al dicho de "todo tiempo pasado fué mejor", sí es verdad que hay ciertas cosas de antes que añoro, como esas íntimas bodas con 50 invitados, o esas primeras comuniones de churros y chocolate, o esos bautizos en los que nos tiraban a los chiquillos perras gordas a grito de "¡Pelón!", o a esos niños ilusionados en Reyes porque esperaban un simple balón, o a esas niñas que soñaban por una muñeca pepona... ¡por una sola cosa!
Creo que con la prosperidad y la mejora en nuestra calidad de vida, se nos han ido de las manos muchas cosas. Se ha perdido el sentido de la mesura, el sentido de la proporción. Y es una pena, porque ya no observo el mismo brillo en los ojos de estos niños que reciben 20 regalos, que el que recuerdo en los míos aquel 6 de enero en el que recibí un neceser para mi muñeca, lleno de todo tipo de botecitos, talcos, jaboncitos, peinecillos... todo en miniatura. Nunca imaginé cosa más hermosa,con aquellos volantitos rosa.
En fin... fueron otros tiempos. Benditos sean éstos porque ya no hay niños hambrientos, descalzos o analfabetos. Gracias a Dios, ya nunca volveremos a eso. Pero abogo ( aunque sé que predico en el desierto) por recuperar parte de esa austeridad y sencillez de aquellos tiempos. Como un Valor más. A veces me pregunto, en qué momento de nuestro transcurso perdimos el norte y caímos en esta hortera y pretenciosa desmesura. Pero bueno... no me hagais caso. Es que aún estoy sensible a tanto brillo, a tanta opulencia, a tanto exceso y la alergia aún me pica.
El caso es que, al fín, la normalidad ha vuelto y con ella, las lentejas, las horas de lectura, el buen cine, las zapatillas, las cenitas en el sofá... en definitiva, el dulce y calmo calor del hogar. ¡Hay tantas pequeñas-grandes cosas para disfrutar! De nuevo llega la rutina, mi rutina. Bendita rutina.

domingo, 3 de enero de 2010

A ti.

 A ti, Rey de la Bondad, que con tu generosidad y tu alegría iluminas la vida de quien te acompaña.
A ti, Emperador de la Ternura, que con tu cariño y tus caricias acolchas la existencia del que se sienta a tu lado.
Que la vida no te cambie. Que nada te haga perder tu tolerancia, tu equilibrado sentido del perdón y de la justicia.
Que los años no te maleen. Que tu optimismo y tu positivismo no se oscurezcan, ni tu buen caracter palidezca.
Adios. Buen viaje.Vuelve y, por favor, nunca jamás cambies.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Navidad sin Papa Noël pero con Maquiavelo

¡Un año más que hemos sobrevivido a la Nochebuena y a la Navidad! ¡Una etapa, al menos, que hemos cubierto sin accidentarnos y en la que hemos llegado a la meta sin caernos de la bicicleta! ¡¡Ilesos!!
Bueno... ilesos, ilesos, lo que se dice ilesos, no. La verdad es que acabamos los dos días en Urgencia en el Hospital. Pero no penseis mal, que no fué por un enfrentamiento fraternal, filial o paternal, que fue por un asunto intestinal. Agudillo, pero intestinal. Nada de heridas de cuchillo trincha-pavo, ni de infartos por insultos y sobresaltos, ni de fracturas por zancadilla, ni de envenenamientos por cianuro en el champán. Solo fue que mi sobrino chico, de repente, se puso malo. La criatura, cuándo vio la que había montado con su enfermedad, solo sabía decir con voz desmayada y aflautada: "Os he fastidiado la Navidad". Lo que no entendía el chaval es que nos había librado de un mal mayor. Y me acordé de Maquiavelo, con eso de que "El fín justifica los medios".
Así que, tras el susto y 48h de internamiento, el chiquillo ya esta en casa más o menos recuperado y los demás, en la nuestra totalmente indemnes.
Habrá que agradecérselo más adelante. Ahora no es el momento, no vayamos a herir suceptibilidades.
De todas maneras, no tiro cohetes, que aún me quedan Fin de Año y Reyes. Pero esas seran otras historias.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Mea Culpa

Y al fin Obama se hartó. El tío le echó genio y se plantó. Cansado ya de que Wen Jiabao, primer ministro chino, lo toreara y se le escurriera sistemáticamente, el flamante nobel de la paz, se coló sin avisar en una reunión del oriental, con mandatarios de Brasil, India y Sudáfrica. Ya tenía que estar endemoniado el hombre como para romper, de esa manera, los predeterminados protocolos de actuación.Y es que, si se es presidente de EEUU es por algo. Al final, con esa osadía, consiguió salvar la Cumbre del Clima de Copenhague, que llevaba todas las trazas de terminar en el más absoluto de los fracasos. Pero, 11 horas se pasó la criatura, persiguiendo al escurridizo chino de marras. 11 horas hasta que comprendió que, o le hacía una encerrona de esas que no tienen escapatoria o se volvía a Washington como había venido.
Y es que estos chinos... son tan resbaladizos... A ver, que levante la mano aquel al que le caigan bien los chinos. Pero honestamente, sin hipocrecías. Que me levante la mano al que le gusten. Y no me refiero a tu fiel amigo Hao o a tu dulce amiga Ziyi, sino en general, al compendio de todos los chinos. Yo no pienso que haya razas mejores ni peores y creo que malas y buenas personas las hay de todos los colores, pero estos chinos me desconciertan. Mea Culpa, es verdad, hay algo en ellos que me genera desconfianza  y no me considero nada xenófoba. Es otra cosa. Y, además, aunque no me lo querais reconocer, todos comprendeis de lo que estoy hablando, o no?
Por eso, me solidarizo con Obama, cuándo, sin nadie esperarlo, ya con las narices hinchadas, se coló en esa reunión. Fué una reacción absolutamente humana, carente de esa divinidad que se le presupone a un presidente estadounidense. Aunque, claro, habrá quien lo interprete como una acción prepotente. Nada más allá. Para bien de bienes, la intromisión surtió efecto. Si al esquivo chino le molestó, que se tome tres sakes y se haga el harakiri. Se lo ganó.
En fin... para compensar mi destructiva crítica os recomiendo una película china: "El camino a casa" de Zhang Yimou. Deliciosa, maravillosa, indescriptible. Vedla, os la aconsejo, merece la pena.